RESEÑA
La cultura egipcia, WILSON JOHN ALBERT, (1951), Fondo de cultura económica de España, S.L., Duodécima edición, 1995 (343 páginas)
La cultura egipcia, WILSON JOHN ALBERT, (1951), Fondo de cultura económica de España, S.L., Duodécima edición, 1995 (343 páginas)
En
la obra de Wilson, como lo adelanta el titulo, nos habla de LA CULTURA EGIPCIA.
Un interesante viaje a través de la historia de la antigua civilización que
habitó el valle del Rio Nilo por más de Tres mil años. El mismo nos presenta
una gran gama de temas que, a simple lectura, no parecen relacionados con el
título. Pero, a medida que uno avanza en la misma y la profundiza también, se
da con que, cada capítulo, va tomando sentido y se relaciona con el eje. La cultura.
En
un primer apartado nos explica sus posturas respecto al tema y como afrontara
el tema en el libro. Nos deja abierto la posibilidad del debate. Además nos
deja una cronología, que él propone, para poder tener una mejor
contextualización del tema, mientras se avanza en la lectura. La misma da su
inicio en el año 5500 a.C. con las culturas predinásticas, y su fin en el 322
a.C. con la entrada de Alejandro Magno a Egipto como un “libertador” ante la
ocupación persa.
Es
interesante como en cada capítulo se presentan las diferentes teorías y como
los elementos, ajenos a la misma, van cobrando sentido en cuanto a la
mentalidad que los antiguos egipcios tenían sobre ellos mismos y su lugar en el
mundo. Para empezar el autor nos introduce en la teoría de la dualidad. La misma se la explica en el
primer capítulo. Refiere a una relación muy estrecha entre el egipcio y la
tierra, y como esta relación se reflejo en la posterior historia. La definición
de Egipto como ‘el país de Las Dos Tierras’ (pág. 26) es con la que el autor
adorna el eje de esta primera teoría. Egipto era una sola tierra en cuanto a su
dependencia común del Nilo y a su aislamiento de otras culturas. Sin embargo,
interiormente se dividía en dos regiones de fuerte contraste: al Sur, la larga
y estrecha cubeta del Alto Egipto; y al Norte, el ancho Delta del Bajo Egipto.
Esto presenta un contexto donde se perjudicaban los intereses de cada región,
en especial a la del Alto Egipto. Pero termina siendo una extraña forma de
consolidación mutua, al inicio de la historia dinástica, que perduraría más de
Dos Mil Setecientos Años, puesto que lo que provoca su división en los
intermedios, es la que fortalece, en la mentalidad de las gentes, la idea de
“un pueblo unido, un pueblo eterno” durante la etapa de los Reinos, el Imperio
y la Baja Época. Y todo esto, sujeto a la idea de permanencia del faraón.
Esto
deja la puerta abierta a otra teoría que se puede encontrar: la de la permanencia. La misma es explicada
como una idea que surgía a partir del “aislamiento” que tuvo Egipto del
extranjero, hasta la época del Imperio. Sumado a la de la dualidad, como elemento de cohesión y no de división. La teoría de
la permanencia, como la expone en los capítulos 2 y 3 (FUERA DEL CIENO y EN BUSCA DE
SEGURIDAD Y ORDEN) surge a partir del aislamiento geográfico, sumado a la
necesidad de un orden (ma’at). Este
último se debía a que esta dualidad traía también el caos, (la desunión). Para
ello fue necesaria una figura simbólica que representara a Egipto, tanto en lo
político-social, como en lo espiritual.
Esta
teoría la continúa a lo largo de los capítulos explicando que, el sentido de la
permanencia, es lo que simboliza al
antiguo egipcio. Mantener lo antiguo, pero con ligeros cambios meramente
técnico para evitar que se pierda o se tergiverse. Lo menciona como una etapa
de creatividad que tendrá su origen a partir de la Tercera y Cuarta Dinastía. Y
que en los tiempos más antiguos, no existía, puesto que durante los mismos se “solucionaban”
los problemas más directos de Egipto, es decir, llegar al ma’at.
Luego
avanzara sobre los periodos intermedios en los capítulos 5, 7 y 11 (LA PRIMERA ENFERMEDAD, LA
GRAN HUMILLACIÓN y el de LA CAÑA ROTA).
En el quinto capítulo explica como esta imagen primera que se tiene del faraón
como un Dios en la tierra se fue deteriorando con una crisis administrativa que
derivo en una división de los poderes reales a tal punto que el país se
fragmento y entro en conflicto. Esto tuvo implicaciones internas en cuando a
los canones de la época. El faraón no tenía el poder y el control absoluto.
Luego, en el séptimo capítulo, explica como la psiquis egipcia se vio sacudida
hasta los cimientos con la entrada de los extranjeros (el pueblo de los Hicsos)
y su posterior establecimiento en la región del Delta. Aunque después nos
aclara como, a pesar de este acontecimiento sin precedente, la identidad
egipcia se mantuvo, incluso (en algunos puntos) se reforzó y se connoto sus
límites con respecto al extranjero. Finalmente, en el onceavo capítulo, el “espíritu”
egipcio que caracterizo sus historias dinásticas se ve quebrantado con la
entrada masiva de los extranjeros en el I milenio a.C., las invasiones
constantes y como, el propio egipcio, (desgastado en el periodo del Imperio)
vio caer sus canones y su propia idea del mundo, pero todo fue un proceso que
comenzó en la época del Imperio.
Una
tercera teoría cultural es el de la
Felicidad del Pueblo. Esta se desenvuelve en los capítulos del Reino Medio
y se “transforma” en los capítulos referidos al Imperio. Puesto que, la idea de
un faraón que es fiel al pueblo cómo un representante de Dios, y no un Dios en
la tierra, como paso en el Reino Antiguo. Lo deja claro con el título del
capítulo seis refiriéndolo como “EL REY
BUEN PASTOR”. Explica que la cultura y su espíritu mantienen una vitalidad
constante, refiriendo a como son representados ellos mismos. Una actitud de
constante “alegría”. Sin embargo, en los capítulos del Imperio, habla que, en
especifico, tras el reinado de Tutmosis III (el auge del Imperio y su ‘expansión’)
el espíritu “alegre y vivido” se fue sustituyendo por uno de ‘sumisión’ y ‘silencio’,
puesto que al ver que ya no estaban solo, tenían que protegerse con una retrospección cultural.
Estas
teorías son relacionadas contantemente con el contexto histórico, puesto que
los acontecimientos políticos y económicos son motivo de importancia e
implicación de transformaciones en los niveles culturales de una sociedad. Sus
percepciones del mundo jugaron un gran papel en cuanto a su historia, su duración
y su final. Nos demuestra, el autor, que una cultura milenaria, por más que
mantengan una “identidad” constante, la homogeneidad de sus procesos de
construcciones, dentro de la misma cultura, no existen. Cada construcción que
‘añade’ un nuevo elemento a la cultura, es único, y a veces son contradictoria
(en este punto habla del espíritu como elemento representante de ello). Y eso
nos deja en claro esta obra, respecto a la cultura del antiguo Egipto.
2014
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